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Diarios de El Cairo (IX): golpes, Vitorio y Gaza

17.39 – 13/09/2011

Salgo de clase, camino de mi hostel. Anoche me emborraché por primera vez desde que estoy en Egipto, tras unas cervezas en el Hurriya. Despertarme con resaca parece, aquí, una sensación fuera de lugar, que rompe un cierto encanto de la ciudad. Estuvimos, además, con Hossam, un joven al que, según nos contó, le pegó la policía tras el asalto a la embajada israelí. Su historia parecía verosímil, pero un poco grandilocuente. De hecho, cuando nos enseñó la espalda, solo tenía 3 o 4 marcas pequeñas.

Más tarde, se unió a nosotros otro egipcio muy simpático al que conocía Manu y charlaron sobre Vittorio Arrigoni, un italiano activista al que secuestraron y mataron en Gaza (Palestina). Manu quiere ponerle ese nombre a la asociación de ayuda a los palestinos que está poniendo en marcha, pero necesita todavía el permiso de la madre de Arrigoni.

Acabé acostándome cerca de las cuatro y hoy he tenido una resaca importante. Ahora, tras las clases, que hoy han sido agotadoras, llego al hostel. Me he comprado un mapa de El Cairo enorme, que tengo intención de devorar, como todo lo que llega a mis manos de esta ciudad.

Mientras, Erdogan visita el país para mostrar músculo y tensar la cuerda con Israel, y alguna gente, en algunas conversaciones, desliza la idea de “guerra” contra los sionistas. Lo cierto es que tras el asalto a la embajada, me da la sensación de que el ambiente se está enrareciendo un poco.

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Diarios de El Cairo (VIII): 11 de septiembre

00.05 – 12/09/2011

Hoy ha sido el primer día que me he sentido totalmente integrado en esta ciudad. Me desperté sobre las 9.30, como siempre. Tomé café, leí un rato en árabe, charlé con una alemana, Sara, que lleva 4 años aquí y está harta del machismo egipcio. Cambié todo mi dinero, fui a clase. Tres de las 4 estuvieron muy bien, y yo era el único alumno. Clases partículares. En la cuarta me aburrí un poco.

Después estuve con Manu y Miriam dando una vuelta, tomando té, paseando por la orilla del Nilo más cercana a Tahrir. Mucha gente va a los puentes a pasar la tarde y el principio de la noche: hay parejas, puestos de comida y malotes haciendo caballitos con sus motos de pequeña cilindrada. Abajo, unos barcos con luces y música hortera sirven como pequeño desahogo para la estricta moral musulmana. “Ahí se puede hasta bailar”, dice Miriam.

En fin, llego ahora al hostel, empapado de ciudad y de árabe, sintiéndome bien. quedan atrás los primeros días de una cierta ansiedad por no conocer gente. Por cierto, aquí el 11 de septiembre no parece una fecha especial. El día en que el mundo occidental conmemoraba de forma grandilocuente la gran masacre, la única posible, yo no lo viví allí, sino en el otro lado.

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Diarios de El Cairo (VII): echar de menos

17.45 – 10/09/2011

Tengo gana de volver a casa
solo por poder abrazarte
o quisiera que al menos estuvieras conmigo
en mi pensión cutre de esta ciudad viva.
Aquí hay museos, taxis locos, comida barata
y un no-sé-qué tan distinto a Madrid
como lo qué tú buscas
o acaso no es el mismo. Da igual. No importa.
Te echo de menos en las mezquitas y en las plazas
en las calles estrechas y en las teterías
y aveces en diálogos
en árabe o inglés.
Egipto ya me empapa.
Pero me faltas

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Diarios de El Cairo (VI): de hostel a hostel

15.52 – 09/09/2011

El Dahab hostel parece muy agradable. La habitación es más cutre que la anterior, sin aire acondicionado, pero tiene un ventilador en la pared que parece que me va a hacer el apaño. A diferencia del anterior, aquí sí que hay gente. Espero conocer a alguien, si se tercia. Hemos estado andorreando arriba y abajo de la plaza de Tahrir, bajo un sol abrasador. Acabo de volver al hostel, Miriam y Manu se han ido a descansar a casa. Ya parecemos amigos de hace tiempo. Se supone que me llamarán otra vez esta noche. Antes del follón, me ha llamado Lola. Es la primera llamada que recibo de Egipto. Me he hecho con un móvil egipcio (la tarjeta, con saldo, valía poco más de un euro) y no voy a poner la del móvil español.

Por otro lado, estoy tratando de desenchufarme de Internet. Éxito relativo: el primer día, estuve dos horas en el ordenador del hostel. Ayer, una hora en un cibercafé. Mi plan es no ir a ninguno hoy. Miriam me ha dejado mandar un par de tuits desde su teléfono. El de esta mañana ha tenido bastante eco.

12.09 – 10/09/2011

En Midan Opera, tratando de alejarme un poco del centro y adentrarme en El Cairo islámico. No he desayunado. He pasado un buen rato buscando una oficina de cambio. La libra ha subido mucho (creo que estaba a 8.20 libras por euro), el dinero me va a cundir menos. Pienso si el curso de árabe merecerá la pena, pero no veo otra manera de llenar los días. Creo que necesito a la gente más de lo que suponía, porque la perspectiva de no hablar con nadie conocido durante todo un día me agobia.

El hostel en el que estoy ha mitigado un poco esa sensación: hay gente todo el rato y, aunque la mayoría miran sus ordenadores todo el tiempo, se pueden comentar cosas del día. Hay un tipo que parece norteamericano y habla muy rápido y tiene opiniones muy vehementes sobre política, un londinense bastante simpático, una italiana y varios de nacionalidades indeterminadas.

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Diarios de El Cairo (V): asalto a la Embajada de Israel


13.41 – 09/09/2011

Acabo de estar en la plaza Tahrir (Liberación). Hay mucha gente, pero no está llena. He estado un rato (con Manu, Miriam, Zvetan y Natalia), he hecho muchas fotos y he hablado con alguna gente. Ahora, en una tetería, Manu cuenta la historia de Flag Man, un egipcio que, a mediados de agosto, trepó por la pared del edificio dela Embajadade Israel (son como 11 pisos) y cambió la bandera de este país por la de Egipto. Hay vídeos en Youtube de su hazaña y el personaje es ya una especie de héroe nacional. También se venden camisetas con su figura, como si fuera Spiderman. 

12.09 – 10/09/2011

Anoche (aquí anochece mu pronto, al ser la misma hora que en España) me llamó Miriam para decirme que los egipcios estaban tratando de entrar en la Embajada israelí. Por supuesto, fui. Manu, que tiene tatuado (فلسطين) en el brazo -y otras cosas en árabe- estaba muy emocionado y ayudó a tirar el muro que protegía la parte inferior del edificio. Luego, alguien subió al piso en que está situada la sede diplomática (debe ser un piso 11) y descolgó la bandera israelí para ondear una egipcia. Al estilo de Flagman.

Cuando nos fuimos hacia Tahrir, andando, parece que lograron entrar en la embajada y tirar algunos papeles por la ventana. Al llegar a la plaza revolucionaria vimos que no había prácticamente nada, pocos manifestantes y ningún jaleo. Manu quiso volver a la embajada, mientras Miriam, Natalia y Zvetan -los dos últimos acababan de llegar- le acompañaron.

Yo me quedé en el hostel. Había mucha gente, a pesar de ser bastante tarde. El hombre de las opiniones vehementes (aún no sé su nombre) se enfadó mucho por el incidente en la embajada: dice que los militares lo permitieron con el objetivo de demostrarle al mundo que solo ellos pueden gobernar el país, que si dejan que haya democracia, Egipto se va a convertir en un nido de fundamentalistas.

La teoría es lógica, pero no sé si realista: ahora que han saboreado las mieles de las manifestaciones y algo de libertad, no sé si será tan sencillo pedirle al pueblo que acepte otra dictadura. El vehemente, que es norteamericano, cree que tal vez la gente aquí no esté preparada para la democracia. Me opuse firmemente, dije que es lo mismo que decían de España tras la dictadura. Él cree que no es comparable. Luego me fui a dormir, casi a las dos.

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Diarios de El Cairo (IV): protestas en Tahrir

9.50 – 08/09/2011

Llego tarde a mi primera clase de árabe coloquial en Arab Academy. Aun así, voy andando desde el hostel. Son unos 25 minutos esquivando el tráfico, que merece un libro aparte. Lo importante, por lo que veo, es cruzar con decisión, seguro de ti mismo. Las primeras veces, desde luego, conviene seguir a alguien que lo haga mejor que tú.

23.44 – 08/09/2011

Reconozco que, a medio día, he tenido mi primer bajón. En la academia me han dicho que las clases será de 13 a 17 horas, que me parece un horario cutre, y luego he vagado un rato por la ciudad, sin rumbo y harto por el calor. Estuve buscando un cibercafé y no había manera. Sobre las 16, he llamado a Miriam, una periodista que vive aquí. Venía con Manu, un activista propalestino que quiere cruzar a Gaza. Supongo que será difícil que le den el permiso, pero no pierde la esperanza.

Antes de verlos a los dos, he intentado pasar por mi hostel. Ascensor averiado. Dicen que es un séptimo piso, pero he comprobado que por las escaleras son 11 plantas. He desistido. Fui a un ciber en Tahrir y reservé otro hostel para mañana. No tiene aire acondicionado, pero parece que hay más gente y mejor ambiente.

A las 17, quedé con Miriam y Manu. Luego vino Natalia, colombiana que acaba de volver de Libia. Se han ido uniendo distintos personajes: un egipcio que trabaja en la Embajada de España, un activista austro-algo (Zvetan), una pareja de Alicante a la que hemos salvado de un posible timo por parte de un policía… Luego, han sonado voces en la calle: una manifestación improvisada, como las que he visto en Madrid tras el desalojo de la Puerta del sol. La hemos seguido, claro.

Hemos acabado en la plaza de Tahrir. Allí, los manifestantes, la mayoría jóvenes, coreaban gritos que no entendía (salvo  “الحرية “). Manu ha sido protagonista tras enseñar su tatuaje de فلسطين. Muchos egipcios le han hecho fotos. A mí me preguntaban y yo trababa de responder en mi fusha. Cuando los tres hemos visto que éramos el centro de atención, nos hemos metido en una cafetería cercana a tomar un té. Allí estaba el austro-nosequé y un activista egipcio. Se ha presentado un hombre que decía ser oficial retirado y estar de lado de los manifestantes. Hizo una foto a Manu. Yo estaba cansado. He vuelto al hostel. El ascensor seguía estropeado.

Vídeos sobre El Cairo, en mi canal Youtube

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Diarios de El Cairo (III) 21.27 – 07/09/2011

La primera jornada en la que he tratado de exprimir El Cairo termina, por ahora, en un bar que, según me dicen, está de moda: “الحرية “, (Libertad). Hace honor a su nombre y vende cerveza, una botella enorme de Stella. Suave, egipcia, no muy fría. La mayoría de los clientes son jóvenes. No todos. Algunos extranjeros, otros claramente de aquí.

Los dos camareros se pasean con botellas de cerveza y, con un gesto, las van soltando por las mesas. La gente charla animada. Choca ver a casi tantas mujeres como hombre, lo que no ocurre en las cafeterías que he visitado hasta ahora, totalmente masculinas. La birra, pese a estar templada, me sabe a gloria. Creo que he tenido suerte de pillar mesa: ya no queda ni un libre. Libertad. Qué buena forma de acabar un día

Engaños y tamareo

Quedarse parado mirando un mapa es motivo suficiente para ser abordado en El Cairo. Hoy me han llevado dos veces a la misma tienda de perfumes, con diferentes trucos. El primero quería “indicarme una dirección”. Al entrar en la tienda le he dicho “لا شكرا” varias veces. Luego, me ha dicho mal la dirección que le he preguntado y el horario de apertura.

En la misma tarde, otro hombre me aborda para “ayudarme”. Me cuenta que ha estado en España y que fue profesor de árabe. ¡Cuántos egipcios han estado en España! Ejem. Me ofrece su tarjeta y ¡oh, sorpresa! Me lleva a la misma tienda que por la mañana. “كل الناس يعملون هنا” (toda la gente trabaja aquí), le digo, y me voy. sonrío. Se ha quedado un poco plof. ¿Cómo decir que no sin resultar un borde?

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