Diarios de El Cairo (VII): echar de menos

17.45 – 10/09/2011

Tengo gana de volver a casa
solo por poder abrazarte
o quisiera que al menos estuvieras conmigo
en mi pensión cutre de esta ciudad viva.
Aquí hay museos, taxis locos, comida barata
y un no-sé-qué tan distinto a Madrid
como lo qué tú buscas
o acaso no es el mismo. Da igual. No importa.
Te echo de menos en las mezquitas y en las plazas
en las calles estrechas y en las teterías
y aveces en diálogos
en árabe o inglés.
Egipto ya me empapa.
Pero me faltas

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Diarios de El Cairo (VI): de hostel a hostel

15.52 – 09/09/2011

El Dahab hostel parece muy agradable. La habitación es más cutre que la anterior, sin aire acondicionado, pero tiene un ventilador en la pared que parece que me va a hacer el apaño. A diferencia del anterior, aquí sí que hay gente. Espero conocer a alguien, si se tercia. Hemos estado andorreando arriba y abajo de la plaza de Tahrir, bajo un sol abrasador. Acabo de volver al hostel, Miriam y Manu se han ido a descansar a casa. Ya parecemos amigos de hace tiempo. Se supone que me llamarán otra vez esta noche. Antes del follón, me ha llamado Lola. Es la primera llamada que recibo de Egipto. Me he hecho con un móvil egipcio (la tarjeta, con saldo, valía poco más de un euro) y no voy a poner la del móvil español.

Por otro lado, estoy tratando de desenchufarme de Internet. Éxito relativo: el primer día, estuve dos horas en el ordenador del hostel. Ayer, una hora en un cibercafé. Mi plan es no ir a ninguno hoy. Miriam me ha dejado mandar un par de tuits desde su teléfono. El de esta mañana ha tenido bastante eco.

12.09 – 10/09/2011

En Midan Opera, tratando de alejarme un poco del centro y adentrarme en El Cairo islámico. No he desayunado. He pasado un buen rato buscando una oficina de cambio. La libra ha subido mucho (creo que estaba a 8.20 libras por euro), el dinero me va a cundir menos. Pienso si el curso de árabe merecerá la pena, pero no veo otra manera de llenar los días. Creo que necesito a la gente más de lo que suponía, porque la perspectiva de no hablar con nadie conocido durante todo un día me agobia.

El hostel en el que estoy ha mitigado un poco esa sensación: hay gente todo el rato y, aunque la mayoría miran sus ordenadores todo el tiempo, se pueden comentar cosas del día. Hay un tipo que parece norteamericano y habla muy rápido y tiene opiniones muy vehementes sobre política, un londinense bastante simpático, una italiana y varios de nacionalidades indeterminadas.

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Diarios de El Cairo (V): asalto a la Embajada de Israel


13.41 – 09/09/2011

Acabo de estar en la plaza Tahrir (Liberación). Hay mucha gente, pero no está llena. He estado un rato (con Manu, Miriam, Zvetan y Natalia), he hecho muchas fotos y he hablado con alguna gente. Ahora, en una tetería, Manu cuenta la historia de Flag Man, un egipcio que, a mediados de agosto, trepó por la pared del edificio dela Embajadade Israel (son como 11 pisos) y cambió la bandera de este país por la de Egipto. Hay vídeos en Youtube de su hazaña y el personaje es ya una especie de héroe nacional. También se venden camisetas con su figura, como si fuera Spiderman. 

12.09 – 10/09/2011

Anoche (aquí anochece mu pronto, al ser la misma hora que en España) me llamó Miriam para decirme que los egipcios estaban tratando de entrar en la Embajada israelí. Por supuesto, fui. Manu, que tiene tatuado (فلسطين) en el brazo -y otras cosas en árabe- estaba muy emocionado y ayudó a tirar el muro que protegía la parte inferior del edificio. Luego, alguien subió al piso en que está situada la sede diplomática (debe ser un piso 11) y descolgó la bandera israelí para ondear una egipcia. Al estilo de Flagman.

Cuando nos fuimos hacia Tahrir, andando, parece que lograron entrar en la embajada y tirar algunos papeles por la ventana. Al llegar a la plaza revolucionaria vimos que no había prácticamente nada, pocos manifestantes y ningún jaleo. Manu quiso volver a la embajada, mientras Miriam, Natalia y Zvetan -los dos últimos acababan de llegar- le acompañaron.

Yo me quedé en el hostel. Había mucha gente, a pesar de ser bastante tarde. El hombre de las opiniones vehementes (aún no sé su nombre) se enfadó mucho por el incidente en la embajada: dice que los militares lo permitieron con el objetivo de demostrarle al mundo que solo ellos pueden gobernar el país, que si dejan que haya democracia, Egipto se va a convertir en un nido de fundamentalistas.

La teoría es lógica, pero no sé si realista: ahora que han saboreado las mieles de las manifestaciones y algo de libertad, no sé si será tan sencillo pedirle al pueblo que acepte otra dictadura. El vehemente, que es norteamericano, cree que tal vez la gente aquí no esté preparada para la democracia. Me opuse firmemente, dije que es lo mismo que decían de España tras la dictadura. Él cree que no es comparable. Luego me fui a dormir, casi a las dos.

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Protestas del 15-O: el 15-M prende en todo el mundo

Este sábado, 15 de Octubre, Madrid ha trasladado su indignación a todo el mundo, en una jornada de protestas globales que se ha dejado notar desde Tokio a Nueva York. Anoche, además, tuve una perspectiva nueva de las protestas, ya que conseguí subirme al edificio de Tío Pepe para grabar un par de vídeos para El País en los que se ve la enorme cantidad de indignados que había.

Aquí tenéis el primero, una panorámica de la Puerta del Sol

Y en este otro se ven Sol y la calle Alcalá, también llena de gente

Y como despedida, foto de unos peligrosos perroflautas

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Así hablé en ‘Otros acentos’ de Radio 5

El viernes pasado me invitaron a participar en el programa «Otros acentos»  de Radio 5 y Radio Exterior de España (en la foto, Mavi Aldama, presentadora del programa). Si no me escuchasteis, aquí tenéis el enlace para oír la grabación completa. Empieza en el minuto 6 y dura hasta casi la media hora. Por cierto, es la segunda vez que voy a este programa (aquí tenéis el enlace a la primera vez que fui).

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La represión en Siria y nuestra (no) respuesta

Pese a que la situación en Siria no deja de empeorar debido a la represión del Gobierno de Bachar El Asad, la comunidad internacional no parece concienciada.  Tal vez  la primavera árabe que nos maravilló con en Túnez o Egipto no llama tanto nuestra atención tras la aventura de la OTAN en Libia. En cualquier caso, algunos españoles -de origen sirio o no- tratan de protestar por las atrocidades cometidas por el régimen sirio, bien frente a la Embajada de este país, bien certa del Ministerio de Exteriores español. Lamentablemente, en muchas ocasiones  no suelen reunir más que a unas decenas de personas.

Sin embargo, hay gente que está intentando que no nos olvidemos de ellos. Es el caso de Aliaa Mustafa Tabbaa, una bioquímica que ha decidido ponerse en huelga de hambre para llamar la atención sobre este asunto, y a la que tuve la oportunidad de entrevistar hace unos días. Hoy publico, además, una entrevista con Amer, un sirio de origen palestino que ha pedido asilo político al enterarse de que la Mujabarat, la temida policía secreta, lo estaba buscando en su país.

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Diarios de El Cairo (IV): protestas en Tahrir

9.50 – 08/09/2011

Llego tarde a mi primera clase de árabe coloquial en Arab Academy. Aun así, voy andando desde el hostel. Son unos 25 minutos esquivando el tráfico, que merece un libro aparte. Lo importante, por lo que veo, es cruzar con decisión, seguro de ti mismo. Las primeras veces, desde luego, conviene seguir a alguien que lo haga mejor que tú.

23.44 – 08/09/2011

Reconozco que, a medio día, he tenido mi primer bajón. En la academia me han dicho que las clases será de 13 a 17 horas, que me parece un horario cutre, y luego he vagado un rato por la ciudad, sin rumbo y harto por el calor. Estuve buscando un cibercafé y no había manera. Sobre las 16, he llamado a Miriam, una periodista que vive aquí. Venía con Manu, un activista propalestino que quiere cruzar a Gaza. Supongo que será difícil que le den el permiso, pero no pierde la esperanza.

Antes de verlos a los dos, he intentado pasar por mi hostel. Ascensor averiado. Dicen que es un séptimo piso, pero he comprobado que por las escaleras son 11 plantas. He desistido. Fui a un ciber en Tahrir y reservé otro hostel para mañana. No tiene aire acondicionado, pero parece que hay más gente y mejor ambiente.

A las 17, quedé con Miriam y Manu. Luego vino Natalia, colombiana que acaba de volver de Libia. Se han ido uniendo distintos personajes: un egipcio que trabaja en la Embajada de España, un activista austro-algo (Zvetan), una pareja de Alicante a la que hemos salvado de un posible timo por parte de un policía… Luego, han sonado voces en la calle: una manifestación improvisada, como las que he visto en Madrid tras el desalojo de la Puerta del sol. La hemos seguido, claro.

Hemos acabado en la plaza de Tahrir. Allí, los manifestantes, la mayoría jóvenes, coreaban gritos que no entendía (salvo  “الحرية “). Manu ha sido protagonista tras enseñar su tatuaje de فلسطين. Muchos egipcios le han hecho fotos. A mí me preguntaban y yo trababa de responder en mi fusha. Cuando los tres hemos visto que éramos el centro de atención, nos hemos metido en una cafetería cercana a tomar un té. Allí estaba el austro-nosequé y un activista egipcio. Se ha presentado un hombre que decía ser oficial retirado y estar de lado de los manifestantes. Hizo una foto a Manu. Yo estaba cansado. He vuelto al hostel. El ascensor seguía estropeado.

Vídeos sobre El Cairo, en mi canal Youtube

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Diarios de El Cairo (III) 21.27 – 07/09/2011

La primera jornada en la que he tratado de exprimir El Cairo termina, por ahora, en un bar que, según me dicen, está de moda: «الحرية «, (Libertad). Hace honor a su nombre y vende cerveza, una botella enorme de Stella. Suave, egipcia, no muy fría. La mayoría de los clientes son jóvenes. No todos. Algunos extranjeros, otros claramente de aquí.

Los dos camareros se pasean con botellas de cerveza y, con un gesto, las van soltando por las mesas. La gente charla animada. Choca ver a casi tantas mujeres como hombre, lo que no ocurre en las cafeterías que he visitado hasta ahora, totalmente masculinas. La birra, pese a estar templada, me sabe a gloria. Creo que he tenido suerte de pillar mesa: ya no queda ni un libre. Libertad. Qué buena forma de acabar un día

Engaños y tamareo

Quedarse parado mirando un mapa es motivo suficiente para ser abordado en El Cairo. Hoy me han llevado dos veces a la misma tienda de perfumes, con diferentes trucos. El primero quería «indicarme una dirección». Al entrar en la tienda le he dicho «لا شكرا» varias veces. Luego, me ha dicho mal la dirección que le he preguntado y el horario de apertura.

En la misma tarde, otro hombre me aborda para «ayudarme». Me cuenta que ha estado en España y que fue profesor de árabe. ¡Cuántos egipcios han estado en España! Ejem. Me ofrece su tarjeta y ¡oh, sorpresa! Me lleva a la misma tienda que por la mañana. «كل الناس يعملون هنا» (toda la gente trabaja aquí), le digo, y me voy. sonrío. Se ha quedado un poco plof. ¿Cómo decir que no sin resultar un borde?

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Diarios de El Cairo (II) 11.50 – 07/09/2011

Tras un breve paseo para mezclarme con esta locura, empiezo a ver un cierto orden en este marasmo de tráfico, calor y gente. Cojo un taxi negro. Primer error. » وكم هذا؟» le pregunto al taxista. «لا مشكلة» responde. No hay problema. Cuando llegamos, le doy 5 libras. Se enfada y pide 15. Le doy 8. Tampoco parece exagerado.

Llego a la sede de la Agencia Efe en la ciudad. Me recibe Enrique. Es muy simpático y parece que tiene ganas de hablar. Dice que trabajó en El País y conoce a varios compañeros. Charlamos un rato. Me dice que evite los taxis negros y que coja siempre blancos, en los que se puede pedir que pongan el taxímetro. Hace dos años no había, cuenta, pero el Gobierno egipcio obligó a renovar la flota y aparcó lo que tenían más de 30 años.

Me presenta a más gente, hay quien trabaja en español y quien lo hace en árabe. Le cuento que vengo a estudiar, que me interesa el mundo árabe, que lo único que sé por ahora de El Cairo es que hace calor y su tráfico es un caos. Es un buen resumen, responde, sumándole las pirámides.

Me da su teléfono y me despido. Salgo. Cambio libras a 8,34. están casi como en el aeropuerto, esto varía mucho a diario. Cojo un taxi blanco. Pido que me lleve a Midan Tahrir. Suenan oraciones en árabe en el taxi. Fuera, pitidos, claxón, bocinas, el sonido más reconocible de esta ciudad loca.

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Diarios de El Cairo (I): 00.30 – 07/09/2011

El avión aún no había aterrizado y El Cairo ya me estaba pareciendo un caos. Luces parpadeantes, distribuidas hasta el infinito en el suelo que se intuía bajo el avión. A la llegada, más desorden: la cinta transportadora se negaba a escupir las maletas, como presagiando que aquí, aunque lo parezca, no todo va tan deprisa. Cambia. Paga. Recoge. Sal. Encuentra.

Me recoge un conductor del hostel. Lleva esperándome varias horas, dice. Es simpático. Gira frenético y sin intermitentes. «Ya me habían dicho que el tráfico aquí es un poco loco», le digo para romper el hielo. Se encoge de hombros, sonríe. Nada más saludarlo, ya le he atacado con el árabe: «ادرس اللغة العربية الفصحى «. Respondía en inglés.

Llego al hostel casi a las 12 de la noche y me parece un poco cutre. También creo que está en un sitio de la hostia: a pesar de ser una calle sin gracia (luego descubriría que era la Avenida Ramsés), el edificio es alto y estamos en un séptimo. Desde aquí se ven luces, como desde el avión.

Llevo 12 horas sin parar. Salí de casa a medio día, una hora de retraso, casi 5 de vuelo, otra hora para la maleta. Sí, estoy cansado. Hoy dormiré pronto. Aire acondicionado, habitación grande para mí solo. Pitidos del tráfico, que no duerme. Luces que no se apagan. Buenas noches, Cairo.

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