Archivo mensual: septiembre 2011

Diarios de El Cairo (IV): protestas en Tahrir

9.50 – 08/09/2011

Llego tarde a mi primera clase de árabe coloquial en Arab Academy. Aun así, voy andando desde el hostel. Son unos 25 minutos esquivando el tráfico, que merece un libro aparte. Lo importante, por lo que veo, es cruzar con decisión, seguro de ti mismo. Las primeras veces, desde luego, conviene seguir a alguien que lo haga mejor que tú.

23.44 – 08/09/2011

Reconozco que, a medio día, he tenido mi primer bajón. En la academia me han dicho que las clases será de 13 a 17 horas, que me parece un horario cutre, y luego he vagado un rato por la ciudad, sin rumbo y harto por el calor. Estuve buscando un cibercafé y no había manera. Sobre las 16, he llamado a Miriam, una periodista que vive aquí. Venía con Manu, un activista propalestino que quiere cruzar a Gaza. Supongo que será difícil que le den el permiso, pero no pierde la esperanza.

Antes de verlos a los dos, he intentado pasar por mi hostel. Ascensor averiado. Dicen que es un séptimo piso, pero he comprobado que por las escaleras son 11 plantas. He desistido. Fui a un ciber en Tahrir y reservé otro hostel para mañana. No tiene aire acondicionado, pero parece que hay más gente y mejor ambiente.

A las 17, quedé con Miriam y Manu. Luego vino Natalia, colombiana que acaba de volver de Libia. Se han ido uniendo distintos personajes: un egipcio que trabaja en la Embajada de España, un activista austro-algo (Zvetan), una pareja de Alicante a la que hemos salvado de un posible timo por parte de un policía… Luego, han sonado voces en la calle: una manifestación improvisada, como las que he visto en Madrid tras el desalojo de la Puerta del sol. La hemos seguido, claro.

Hemos acabado en la plaza de Tahrir. Allí, los manifestantes, la mayoría jóvenes, coreaban gritos que no entendía (salvo  “الحرية “). Manu ha sido protagonista tras enseñar su tatuaje de فلسطين. Muchos egipcios le han hecho fotos. A mí me preguntaban y yo trababa de responder en mi fusha. Cuando los tres hemos visto que éramos el centro de atención, nos hemos metido en una cafetería cercana a tomar un té. Allí estaba el austro-nosequé y un activista egipcio. Se ha presentado un hombre que decía ser oficial retirado y estar de lado de los manifestantes. Hizo una foto a Manu. Yo estaba cansado. He vuelto al hostel. El ascensor seguía estropeado.

Vídeos sobre El Cairo, en mi canal Youtube

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Diarios de El Cairo (III) 21.27 – 07/09/2011

La primera jornada en la que he tratado de exprimir El Cairo termina, por ahora, en un bar que, según me dicen, está de moda: “الحرية “, (Libertad). Hace honor a su nombre y vende cerveza, una botella enorme de Stella. Suave, egipcia, no muy fría. La mayoría de los clientes son jóvenes. No todos. Algunos extranjeros, otros claramente de aquí.

Los dos camareros se pasean con botellas de cerveza y, con un gesto, las van soltando por las mesas. La gente charla animada. Choca ver a casi tantas mujeres como hombre, lo que no ocurre en las cafeterías que he visitado hasta ahora, totalmente masculinas. La birra, pese a estar templada, me sabe a gloria. Creo que he tenido suerte de pillar mesa: ya no queda ni un libre. Libertad. Qué buena forma de acabar un día

Engaños y tamareo

Quedarse parado mirando un mapa es motivo suficiente para ser abordado en El Cairo. Hoy me han llevado dos veces a la misma tienda de perfumes, con diferentes trucos. El primero quería “indicarme una dirección”. Al entrar en la tienda le he dicho “لا شكرا” varias veces. Luego, me ha dicho mal la dirección que le he preguntado y el horario de apertura.

En la misma tarde, otro hombre me aborda para “ayudarme”. Me cuenta que ha estado en España y que fue profesor de árabe. ¡Cuántos egipcios han estado en España! Ejem. Me ofrece su tarjeta y ¡oh, sorpresa! Me lleva a la misma tienda que por la mañana. “كل الناس يعملون هنا” (toda la gente trabaja aquí), le digo, y me voy. sonrío. Se ha quedado un poco plof. ¿Cómo decir que no sin resultar un borde?

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Diarios de El Cairo (II) 11.50 – 07/09/2011

Tras un breve paseo para mezclarme con esta locura, empiezo a ver un cierto orden en este marasmo de tráfico, calor y gente. Cojo un taxi negro. Primer error. ” وكم هذا؟” le pregunto al taxista. “لا مشكلة” responde. No hay problema. Cuando llegamos, le doy 5 libras. Se enfada y pide 15. Le doy 8. Tampoco parece exagerado.

Llego a la sede de la Agencia Efe en la ciudad. Me recibe Enrique. Es muy simpático y parece que tiene ganas de hablar. Dice que trabajó en El País y conoce a varios compañeros. Charlamos un rato. Me dice que evite los taxis negros y que coja siempre blancos, en los que se puede pedir que pongan el taxímetro. Hace dos años no había, cuenta, pero el Gobierno egipcio obligó a renovar la flota y aparcó lo que tenían más de 30 años.

Me presenta a más gente, hay quien trabaja en español y quien lo hace en árabe. Le cuento que vengo a estudiar, que me interesa el mundo árabe, que lo único que sé por ahora de El Cairo es que hace calor y su tráfico es un caos. Es un buen resumen, responde, sumándole las pirámides.

Me da su teléfono y me despido. Salgo. Cambio libras a 8,34. están casi como en el aeropuerto, esto varía mucho a diario. Cojo un taxi blanco. Pido que me lleve a Midan Tahrir. Suenan oraciones en árabe en el taxi. Fuera, pitidos, claxón, bocinas, el sonido más reconocible de esta ciudad loca.

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Diarios de El Cairo (I): 00.30 – 07/09/2011

El avión aún no había aterrizado y El Cairo ya me estaba pareciendo un caos. Luces parpadeantes, distribuidas hasta el infinito en el suelo que se intuía bajo el avión. A la llegada, más desorden: la cinta transportadora se negaba a escupir las maletas, como presagiando que aquí, aunque lo parezca, no todo va tan deprisa. Cambia. Paga. Recoge. Sal. Encuentra.

Me recoge un conductor del hostel. Lleva esperándome varias horas, dice. Es simpático. Gira frenético y sin intermitentes. “Ya me habían dicho que el tráfico aquí es un poco loco”, le digo para romper el hielo. Se encoge de hombros, sonríe. Nada más saludarlo, ya le he atacado con el árabe: “ادرس اللغة العربية الفصحى “. Respondía en inglés.

Llego al hostel casi a las 12 de la noche y me parece un poco cutre. También creo que está en un sitio de la hostia: a pesar de ser una calle sin gracia (luego descubriría que era la Avenida Ramsés), el edificio es alto y estamos en un séptimo. Desde aquí se ven luces, como desde el avión.

Llevo 12 horas sin parar. Salí de casa a medio día, una hora de retraso, casi 5 de vuelo, otra hora para la maleta. Sí, estoy cansado. Hoy dormiré pronto. Aire acondicionado, habitación grande para mí solo. Pitidos del tráfico, que no duerme. Luces que no se apagan. Buenas noches, Cairo.

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Cerrado por vacaciones (Egipto, allá vamos)

Durante las próximas tres semanas, este blog estará cerrado por vacaciones. Estaré en Egipto y sobre todo en su capital, El Cairo. Pasadlo bien en mi ausencia. (Foto sacada de este blog)

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Reivindicación del derecho de huelga

La estrategia está clara: hay que recortar derechos sociales porque no hay más remedio. Hay que invertir menos en sanidad, en educación, en el Estado del Bienestar, porque no hay otra alternativa. Castilla-La Mancha marca el camino de la austeridad: una presidenta que cobra más de 220.000 euros al año y que sube el sueldo a sus asesores nos intenta convencer de que no hay otra opción que reducir lo público, es decir, aquello que repercute positivamente en toda la sociedad. Cualquier cosa antes de, por ejemplo, subir los impuestos a las rentas más altas. Hasta dónde llegará la injusticia para que en otros países, como Francia, los propios adinerados hayan pedido contribuir más al Estado. O de hacer emerger la economía sumergida. O de perseguir la evasión fiscal de las grandes empresas, que supera los 42.700 millones en el último año. O de cualquier otra medida que no consista en hipotecar nuestro futuro.

Con este panorama, habrá conflictos. Distintos colectivos intentarán defender sus puestos de trabajo y condiciones laborales: médicos, enfermeros, profesores, farmacéuticos, policías… ¿Qué pueden hacer? Quejarse, protestar y -oh, sacrilegio- hacer huelga. Tratarán de convencernos de que no es oportuno, que no hay motivos, que es algo del pasado. No es cierto. Ya ha empezado la campaña en contra, patrocinada por la frase “en un país con cinco millones de parados“, para hacernos ver que todas las huelgas están mal: la de los futbolistas, porque cobran mucho; la de las farmacias, por insolidaria; la de los profesores, por no querer trabajar 20 horas; la de los conductores de Metro de Madrid, por salvaje…

La Constitución Española no te legitima para insultar tu jefe cuando decide bajarte el sueldo o despedirte, ni a quemar su empresa, ni a pincharle las ruedas del coche. Pero sí recoge tu derecho de huelga, la única herramienta de los trabajadores frente al omnipotente mercado. No es mucho, pero es algo. Cuando dejas de acudir al puesto de trabajo -previo aviso- como medida de presión frente a una medida laboral que consideras injusta, normalmente te desgastas, pierdes dinero y empeoras tus relaciones con tu empresa. A veces, solo a veces, consigues algo.

El descrédito de los sindicatos, a los que se puede acusar de haber sido superados por la crisis sin movilizarse, no ayuda en esta tarea. Los liberados son el demonio y la huelga huele a movimiento sindical. Pero que no te engañen. Los curritos no tenemos muchas más armas. Plantéatelo la próxima vez que leas un titular sobre lo inoportuna que es una reivindicación en un país con cinco millones de parados.

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