Archivo mensual: diciembre 2007

Cuando Madrid y yo despertamos grises


Últimamente, la mayoría de los días despierto gris. No sé lo que hacer al salir de la cama, tengo la impresión de que los minutos se me escapan entre los dedos. Y busco la compañía como si fuera lo único que pudiera salvarme. A veces, Madrid se despierta como yo, igual de gris, y se despereza con atascos y semáforos entre niebla. Entonces, la ciudad y yo somos uno, y tratamos de consolarnos mutuamente.
¿Cómo se aprende a volver a estar solo, a salvarse uno mismo, sin nadie?

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Un piso en Plaza de España

Plaza de EspañaLa búsqueda de piso ha sido fructífera. Parece que, a partir de enero, viviré cerca de Plaza de España -en Ventura Rodríguez-, con Marín y Marcos. Me apetece mucho salir de mi casa actual, mudarme, cambiar el chip. Sé que vivir con gente no es la panacea, pero necesito un cambio ya, un salón con amigos en el que poder ver la tele y hablar de las tonterías del día. Quizá para aprender a estar solo tengo primero que volver a echar de más a las personas. Ahora sólo echo de menos.

Un frente menos. Eso me relaja. Lo cierto es que el final del año no está siendo lo que se dice muy divertido, pero tengo la sensación de que el próximo puede ser mejor. Empiezo a verlo, pero todavía muy despacio, lentamente. Despacio, despacio, despacio…..

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A la búsqueda de piso, y de mí mismo

Sigo a la búsqueda de mí mismo. Mi crisis no parece mejorar. ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué no me entiendo? A esto se añade que, ahora, tengo que buscar piso. ¿Quién tiene esa casa a la que quiero ir?¿Mejorará mi situación estando en un salón con amigos, viendo la tele ‘en familia’, hablando con colegas de cosas triviales? No veo la salida, pero al menos hay metas a corto plazo.
Mientras, publico más noticias en ElPais.com:

Silvia Abascal: «Tiré una Coca-Cola en el ordenador de mi chico»

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Dile a mi hija que me fui de viaje

Fui a ver la obra «Dile a mi hija que me fui de viaje». Pensé mucho sobre ella:

La obra comienza fría. Tanto como una cárcel, como las dos mujeres. Pero, desde el inicio, hay destellos de humor. Choca ese primer «la Guía Michelín de los talegos del mundo». Ella está sola, totalmente. Sólo los recuerdos la salvan. Sigue leyendo

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