Archivo mensual: agosto 2010

Polonia: comunismo, Cracovia y gente rancia (Interrail, 3)

La segunda parada de nuestro viaje fue Polonia, un país con una gran variedad de sitios por descubrir, pero con un handicap: su gente es mayoritariamente rancia y, en general, no habla inglés. Es curioso, no obstante, pasar de la monstruosa Varsovia, una ciudad destruida por la II Guerra Mundial y rehecha al más puro estilo comunista, a la coqueta Cracovia, la Barcelona polaca. En sus alrededores, el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau y las minas de sal, dos visitas que merecen la pena. Y en el norte queda Gdansk, que según muchos mochileros también tiene su encanto. Pero las 10 horas de tren de distancia nos quitaron la idea de visitarla. Aún así, tres días en el país que albergará la Eurocopa 2012 dieron para mucho.

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Praga, una joya sepultada por los turistas (Interrail, 2)


La capital de la República Checa es una ciudad verdaderamente fascinante, tal vez de las más bonitas de Europa (como veréis en la primera foto), pero tan llena de turistas que a veces parece difícil apreciarlo.  Hace menos de 20 años, en Praga no sabían lo que era un ‘guiri’, y trataban al extranjero con más hospitalidad -lo sé de buena tinta-; ahora, con el exceso, se les ha agriado el carácter. No es que sean bordes, pero se les nota cansados ante los foráneos. Al menos, en el centro, la parte por donde todos transitamos en busca de la preciada imagen junto a alguno de sus monumentos.

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Interrail: un viaje por Europa del Este

Este mes de agosto me he hecho un pedazo de viaje por Europa del Este. En realidad, no era un Interrail, porque calculé el precio de los trenes y no me salía rentable. Si hubiera sido menor de 26 años… pero ese tiempo ya pasó y los trenes por esta zona, en general, son baratos. Mi ruta fue: avión a Praga, de ahí tren nocturno a Varsovia, luego Cracovia (dos noches), tren nocturno a Budapest (un infierno, ya os contaré), y sin hacer noche fuimos directos a Belgrado (ahí los trenes se empiezan a poner jodidos).

De allí salimos a recorrernos Rumanía, que merece mucho la pena: primero, a Cluj-Napoca, donde alquilamos un coche para ir a los Maramures, las montañas que están al norte (muy bonitas y por descubrir); más tren para llegar a Sighisoara (lugar de nacimiento de Drácula) y más tarde Brasov. El periplo rumano acabó en Bucarest. Finalmente, tren nocturno a Estambul (duraba 18 horas pero tardó 25), desde donde cogimos (por poco) el avión de vuelta a Madrid. Muchos sitios, muchas anécdotas. Os animo a leerlas en los próximos días.
Podéis ver más fotos si sois mis amigos en Facebook.

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