27/02/2013

Ya que no puedo derramarme entre sábanas
déjame al menos que vomite en libretas,
que me vacíe de letras de lo que no te he dicho
chiringuitos de playa y mapas de regalo.
Recuerdo que ayer mismo mi cama olía a tu pelo,
que tus bragas dormían, torpes, bajo la silla
derrotadas, mustias, más tristes que feroces,
cadáveres tras una batalla de caricias.
Y, mientras me acurrucas, las palabras no salen
se quedan engarzadas en aros de cebolla
y atacan por la espalda, como cuchillo hueco
dispuesto a penetrar el vientre de una noche
incompleta, como los poemas torpes,
incapaces de hacer que no te vayas.

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