Últimamente, la mayoría de los días despierto gris. No sé lo que hacer al salir de la cama, tengo la impresión de que los minutos se me escapan entre los dedos. Y busco la compañía como si fuera lo único que pudiera salvarme. A veces, Madrid se despierta como yo, igual de gris, y se despereza con atascos y semáforos entre niebla. Entonces, la ciudad y yo somos uno, y tratamos de consolarnos mutuamente.
¿Cómo se aprende a volver a estar solo, a salvarse uno mismo, sin nadie?
Cuando Madrid y yo despertamos grises
8 Diciembre 2007 · 1 comentario
Categorías: Hablando de Míguel · La ciudad de las zanjas
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1 respuesta hasta el momento ↓
La Filistea // 11 Diciembre 2007 a 5:03 pm |
Pues se aprende y quizá hasta haya cierta resignación.
Ánimo!